lunes

parasiempre

"What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of ragged suburbs (...),
I offer you whatever insight my books, my hold, whatever manlinnes or humour my life (...)".
J.L.B



Usaste el amor como un sombrero
para atraer miradas
verte mejor
vender algo a alguien
a mí

La urgencia del tiempo
el palpitar de mis huesos tronando por ti
los caminos de mar y tierra que crucé 
la defensa férrea a tu estrella
un fluir pasional como un lago que salía de mi boca
seguido de un largo y absoluto odio
cuando nunca quise (de verdad) odiar 

en nombre de la poesía
de los poetas hambrientos de amor 
del desgarro en la garganta que llevan los traicionados
y de los suicidas románticos
todavía hoy
te maldigo
parasiempre

domingo

typique

Pongo un poco de música 
dejo entrar el sol
envío mensajes secretos por twitter
me pregunto si J me espía en las redes sociales
preparo jugo de apio, saludo a las personas con las que vivo
pregunto cómo están? tienen resaca?
la respuesta es casi siempre  no
excepto cuando quienes la formulan son ellos
hago (mal) algunas flexiones 
tomo varias tazas de café
leo poemas de algunas editoriales jóvenes
intento escribir algo en una hora  lo que sea
pero escribir
vuelvo a pensar en J
me obligo a ocupar mi cabeza en algo mejor
en París o en Oslo
en la contingencia nacional y extranjera
en mis proyectos
aunque
en realidad no siento mucho
mi cabeza es un llano
mi corazón es un llano
mi pecho es un llano
donde cualquier elemento destaca
pero no lo suficiente para cambiar el paisaje
suena mi teléfono
alguien dice que leyó lo que escribí
el mensaje secreto  pienso
y corto o digo
número equivocado
luego me duermo
y así

martes

lo contrario del miedo

Tener miedo de comenzar con esa canción pegada en la memoria una vez más
Tener miedo de que el ex diabólico cambie su foto de perfil y la ponga pública
tener miedo de cruzar la calle cuando el semáforo está en amarillo
tener miedo de un amigo que viene a visitarte misteriosamente
tener miedo de los lunares nuevos 
tener miedo de no poder conversar largamente con alguien que admiras
tener miedo de la comida descongelada que comes hace meses
tener miedo de que tus colegas no te consideren
tener miedo de estar gorda de estar alegre de estar atenta a todo lo que ocurre porque si lo estás habrá temas puestos en claro habrá conclusiones y nada es peor que algo similar a una determinación sin dudas
tener miedo de no poder comprar cigarrillos nunca más
tener miedo de no querer comprar cigarrillos nunca más
tener miedo de las cosas que te hacen feliz
del chico que cruzó contigo todo Parque Francia en bata para llevarte al colectivo mientras el sol atravesaba su sonrisa de mañana
tener miedo del café de las guitarras de los recitales de las películas de amor y hasta de la literatura
tener miedo de volver a sentir algo en serio
por algo
por lo que sea, por una sonrisa sorda latinoamericana, o por un desprecio europeo
tener miedo miedo miedo miedo 
tener miedo del miedo y volverse cursi como siempre
tener miedo de querer hacer llorar a todos tus amigxs de emoción
tener miedo mucho miedo de que se acabe el vino cuando estás escribiendo

Pero hacer lo contrario siempre.

Europa

Los pies lejos de ti
Como si no hubieses bajado del avión que voló diez horas sobre el mar
Como si hubieras muerto sin saber y no entendieras por qué tus amigxs no contestan más tus llamadas telefónicas
Como ver frente a frente lo mezquino en los ojos de alguien que amas a raudales
Como si una cosa sobrehumana te impidiese comprender lo que quieren tus vecinos
Y el viento resoplando fuese un nuevo viento resoplando
Algo nunca antes visto 
Como salir de la casa un amanecer amarillo y los árboles y el cemento pareciesen sospechosamente vivos
Y como si recordaras que si dejas de respirar ya no habrían más noches de vinos ni cremas quemadas ni el recuerdo de tu abuelo columpiándote frente a un mar azul
Y como si el mar ya no fuera más azul
Y nadie pudiera ni quisiera explicarte por qué
Un mar negro de sangre y blanco de hedonismo o sea de orgasmos
Mientras miras el borde de la arena que se aleja hasta desdibujarse hasta desaparecer
Y vieses frente a ti la civilización de la barbarie desnuda pero altiva
Y algo más allá de tu andar te guiase hasta ella
Hasta desear ser parte de ella
Hasta olvidarte de tus pies
y flotar

sábado

A mis amigas

Caminamos desiertos y valles tupidos con las manos en alto
¿Cómo estaría mi fuego si no fuera por los pasos que di junto a tu tierra?
El viento silba tus cosas odiadas y yo las cazo para intentar hacer poemas graciosos
Con métrica exacta
Eres para mí siempre lo inverso a un mal día
y en tus pupilas puedo ver un futuro fértil con el mar bailando en nuestras espaldas floridas
No hay presagios agrios cuando imaginamos el hado de la otra
El presente siempre ha sido una bandera ardiendo
Donde si yo puse la botella
tú prendiste la mecha   o viceversa
Y por supuesto en el pasado nos sentamos a beber
en los mismos signos de pregunta y exclamación
Incluso antes de los pasajes estelares 
que nos reunieron cara a cara frente a una puerta misteriosa
¿Qué sería lo solidario si no te hubiese visto tirando piedras
a mis miedos hasta moverlos?
¿Qué sería la risa si no fuera por las tardes en que nos mostramos las cicatrices
de los brazos con ironía?
Nombramos fraternidad tan arriba como libertad
Y en las noches siempre nos deseamos vida eterna y música eterna 
Aunque no sepamos si el día que viene vaya a tener o no algo de sol
Le di la mano y me dejé llevar   me dejé llevar   me llevó justo donde quiso: al infierno  y luego se marchó    pero yo me quedé.

jueves

Mi bici

Era azul, tenía frenos comunes, ningún cambio y sonaba un montón cuando pedaleaba. La escogí en una bicicletería de Flores, cerca de mi casa. Me costó alrededor de seiscientos pesos. C me acompañó y me ayudó a elegirla. Nos devolvimos felices y pensando todo lo que podríamos hacer ahora que ambos teníamos bicis. Recuerdo nuestros paseos al Parque Rivadavia, la cerveza batida en el canasto, los libros, las veces que nos hablábamos gritando para escucharnos de una vereda a otra (no sé si alguna vez le grité 'te amo', pero si volviera en el tiempo seguro lo haría todos los días). Iba siempre detrás de él. Él parecía que hubiera nacido para andar en bicicleta y eso me daba seguridad. Yo era más torpe y tenía que pedirle que no anduviera tan rápido o que al menos me dijera en qué estaba pensando para poder seguirlo. Se metía entremedio de los bondis, pasaba al lado de un camión enorme e inestable, atravesaba los semáforos en rojo, subía y bajaba las veredas como nada, esquivaba personas y sonreía. Íbamos juntos de la universidad a nuestra casa y buscábamos los mejores caminos para no toparnos con tantos autos, aunque algo divertido tenía andar por las grandes avenidas y burlarnos de los que iban en colectivo con cara de aburridos. A veces planeábamos atentados de pintura contra los automóviles que se estacionaban en las bicisendas, pero nunca llegamos a realizarlos, quizás porque estábamos más ocupados en otras cosas, discutiendo o mirando las similitudes de nuestras marcas de nacimiento. Todos los días llegaba agitada y colorada a estudiar ciencias políticas, como cada vez que hago un pequeño esfuerzo físico, pero me gustaba la sensación de agilidad que me entregaba la bicicleta. Y sobre todo me gustaba viajar con él. Antes de tener mi bici yo tomaba el colectivo y él se iba a mi lado en su vehículo de dos ruedas mirándome y haciéndome gestos divertidos. Siempre llegaba antes que yo y siempre estaba más feliz que yo. Luego vinieron meses extraños, crueles y todo cambió. La última vez que vi mi bici azul fue en una foto de un amigo de C. En ella aparecía él y un grupo de chicos posando como si mi bici en su departamento fuera un objeto surrealista o muy original. Tiempo después supe que la regaló a una mujer chilena que se comía de vez en cuando. Y eso es todo.